
El “Reloj del Fin del Mundo” avanza a 89 segundos de la medianoche, marcando el punto más cercano al apocalipsis en su historia. Conflictos globales, crisis climática y desinformación agravan el riesgo.
El simbólico Reloj del Fin del Mundo ha marcado durante este año un hito inquietante al avanzar un segundo, situándose a tan solo 89 segundos de la medianoche, el punto que representa el fin de la humanidad.
Dicha decisión, fue tomada por el Boletín de Científicos Atómicos, responde a un contexto global marcado por conflictos bélicos, la escalada nuclear y la crisis climática. Fue creada en 1947, nunca antes había estado tan cerca de la hora final, subrayando la urgencia de actuar para evitar una catástrofe planetaria.
En este sentido, el comité de expertos ha señalado que factores como la guerra en Ucrania, el incremento de tensiones en Oriente Medio y la falta de avances en acuerdos de control de armas nucleares han alimentado el peligro global. Según el expresidente colombiano y Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, presente en el evento, “cada segunda cuenta para revertir el curso y evitar una tragedia”, esta advertencia, lejos de ser un simple simbolismo, busca movilizar a líderes y ciudadanos para enfrentar los riesgos que acechan a la humanidad.
A lo largo de la historia el reloj ha servido como una herramienta para alertar sobre amenazas existenciales. Originalmente se centraba en el peligro nuclear, su alcance se ha ampliado a cuestiones como el cambio climático, la proliferación de inteligencia artificial y el riesgo de pandemias biológicas. A pesar de las críticas de alarmismo, los científicos insisten en que este indicador es un llamado a la acción inmediata y coordinada.





