Escrito por: Yair Castro

Los partidos políticos se han desgastado en los años recientes, son instituciones en las cuales las y los ciudadanos no confían, pero siguen existiendo porque es la única vía (con excepción de las austeras y complejas candidaturas independientes) para acceder al poder con recurso público, apoyo de una comunidad identificada con una instrumentalización ideológica y estructuras integradas por personas que por algún tipo de interés pertenecen a algún partido político.

Los partidos se parecen a las empresas con respecto a la organización, siendo la nota distintiva de los institutos políticos llegar al poder y hacer los cambios necesarios en las leyes o forma de gobernar, con respecto a los intereses de un nicho de personas creyentes en cierta idea de cómo se debe organizar la sociedad. A veces llega la derecha, en ocasiones la izquierda, y en otras el centro, pero siendo su principal objetivo, llegar a la silla para tomar decisiones.

En ocasiones las y los ciudadanos nos preguntamos si los que gobiernan serán los mejores, o si tenemos el gobierno que nos merecemos, y si analizamos la raíz neurálgica de los partidos, son usualmente los mismos los que llegan, al poder, rotándose cada tres o seis años, el ciudadano promedio no tiene ni idea de cómo participar, y en caso de que lo haga, hay que superar toda una serie de obstáculos para lograr entenderle al sistema de la partidocracia.

Los financiamientos de los partidos existen de diversas maneras, y es bien sabido que algunos de las y los candidatos presuntamente gastan más de lo que realmente reportan, ya hasta parecen reglas no escritas en el juego de la política.

Entonces si un ciudadano quiere participar en política, y no tiene recurso económico ni le gustan los partidos, ¿cómo lanzarse de candidato si las únicas dos vías no son compatibles?

Es como nace el término Startup Politics (emprendimiento político) que lo escuché por vez primera al mirar un documental en youtube en el cual el entonces candidato Emanuel Macron de Francia, se lanzó a su candidatura presidencial con el movimiento “En Marcha” no siendo de derechas ni de izquierdas, sino de “marcas personales” y así llegó al poder.

Ahora, hay que aclarar que lo que ocurrió en Francia sólo es un esbozo de lo que se pueda hacer, la propuesta del emprendimiento político es que existan grupos políticos, que, sin ser partido, pueden lanzar candidaturas ciudadanas sin restricción de fondos, pero sí su regulación, para que los grupos puedan manejarse de manera empresarial, creando una cultura del político con educación financiera,

El presente artículo, es apenas un boceto del ensayo que estaré publicando próximamente, con el objetivo que llegue hasta la Cámara de Diputados y el INE (Instituto Nacional Electoral) para que en algún momento, si es de interés de la colectividad, pueda debatirse, enriquecerlo, y así incrementar la cantidad de vías políticas para acceder al poder.