
La administración de Donald Trump ha dado un giro visual a una de las herramientas más reconocibles de la educación nutricional: la pirámide alimentaria. El Gobierno de Estados Unidos ha presentado una nueva pirámide invertida, integrada en sus pautas alimentarias actualizadas, con menos grupos de alimentos y un discurso alineado con la agenda “Make America Healthy Again” (MAHA) impulsada desde el Departamento de Salud.
La nueva propuesta, desarrollada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, reduce la estructura clásica de seis secciones a solo tres grandes bloques: proteínas, lácteos y grasas saludables; frutas y verduras; y cereales integrales. Los alimentos ultraprocesados y los dulces desaparecen del gráfico, mientras que los cereales (históricamente la base de la pirámide) pasan a ocupar el espacio más pequeño.
Este rediseño responde a una visión defendida desde hace años por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien apoyó públicamente el cambio afirmando que la pirámide “ya estaba patas arriba” y que esta versión simplemente “lo arregla”.
La nueva guía promueve el consumo de alimentos naturales, integrales o mínimamente procesados, incrementa la recomendación de proteínas y lácteos enteros y elimina referencias cuantitativas claras sobre el consumo de alcohol, limitándose a sugerir “beber menos”.
Aunque algunos expertos en nutrición ya han señalado algunas limitaciones como herramienta pedagógica. La pirámide no indica con claridad proporciones, cantidades ni raciones recomendadas.
No es la primera vez que el gobierno de EE.UU. intenta mejorar la claridad de sus guías alimentarias a través del diseño. En 2005 se introdujo una pirámide segmentada verticalmente; en 2011 se abandonó por completo el formato piramidal para dar paso a MyPlate, un gráfico circular que representaba las proporciones de un plato. La versión de 2026 recupera la pirámide, pero lo hace como símbolo ideológico y visual, más que como diagrama didáctico preciso.





