
Lo que hoy vivimos en México no es normal. No podemos acostumbrarnos a ver cómo se repiten los hechos de violencia en Michoacán, en Sinaloa, en Guerrero. En esos estados ha habido meses de violencia sin tregua. Y aunque en Chihuahua no estamos exentos de problemas de seguridad, no podemos permitir que lleguemos a esos niveles.
No se trata solo de cifras. Se trata de vidas, de familias enteras que viven con miedo, de niñas y niños que crecen escuchando balazos en lugar de juegos. Lo que ocurrió el sábado pasado en Michoacán en un evento público con familias y niños, refleja el grado de descomposición al que hemos llegado. Acaban con líderes y también acaban con la esperanza y paz de todos.
La indolencia e insensibilidad con la que el gobierno quiere hacernos creer que esto es parte del día a día, que hay que acostumbrarse, es despreciable y no podemos normalizarlo. Es indignante que, ante tanto dolor, la respuesta del gobierno federal sea la misma de siempre: culpar al neoliberalismo, a la derecha o a los de antes. Después de siete años de Morena en el poder, el país no solo está más violento, también más abandonado. Sin inversión pública, sin programas de salud, sin estancias infantiles, sin atención médica digna para las y los mexicanos.
Las y los chihuahuenses queremos resultados. Queremos recuperar lo más básico: la tranquilidad para salir a trabajar, convivir con nuestras familias, circular por las carreteras sin miedo. No puede ser que tengamos que pensar dos veces antes de emprender un negocio o viajar por el país porque en cada región hay retenes, carreteras destruidas o zonas tomadas por el crimen. Estamos sacrificando la paz a cambio de discursos vacíos.
Todos estamos cansados. Todos estamos hasta la madre de la violencia, de la impunidad, de la indiferencia. Y quienes tenemos una responsabilidad pública no podemos quedarnos callados. Tenemos que dar la batalla. Este puede ser un momento decisivo: si no levantamos la voz ahora, quizá después ya no haya remedio.
Desde nuestra trinchera legislativa estamos trabajando para que eso cambie. En este primer año de labores en la LXVIII Legislatura he presentado 42 iniciativas: 9 de punto de acuerdo, 8 en conjunto con el Grupo Parlamentario del PRI y 25 de manera individual, de las cuales 22 ya fueron publicadas en el Periódico Oficial del Estado. Y no hablo sólo de documentos presentados, son resultados concretos que la ciudadanía puede ver.
Entre ellas está la iniciativa para visibilizar la diabetes infantil en la Ley Estatal de Salud y en la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que surgió del contacto directo con madres y padres que viven esta realidad. También impulsamos medidas para fortalecer el turismo doméstico y de aventura, fomentar el desarrollo sustentable y crear un consejo consultivo estatal de turismo. Además, propusimos que las mujeres policías embarazadas sean trasladadas a cargos administrativos, para proteger su salud y su seguridad.
Estos avances son importantes, pero no bastan mientras el país siga viviendo con miedo. No podemos permitir que la violencia que golpea a otras regiones llegue a Chihuahua. Hoy más que nunca debemos mantenernos unidos, vigilantes y comprometidos con preservar la tranquilidad de nuestras familias.
Es momento de recuperar la paz, de trabajar de la mano con la ciudadanía y de no quedarnos callados. Porque cuando la violencia se vuelve costumbre, la esperanza empieza a desaparecer. Y nosotros no vamos a permitir que eso pase.





