
En México, la juventud es más que una simple estadística. 26.2 millones de jóvenes entre 18 y 29 años tienen el poder de inclinar la balanza electoral este 2024. Es crucial entender una cosa: la vieja fórmula ya no funciona. Sí, hablo de ese juego político arcaico que parece no entender que los tiempos están cambiando y que la juventud exige más que promesas vacías y discursos prefabricados.
Según el Instituto Nacional Electoral (INE), representamos el 30% de la lista nominal del país, pero, ¿se refleja realmente ese poder en las decisiones políticas? La verdad es que no.
¿Por qué no logran los políticos y políticas conquistar tan fácilmente a este sector? Porque ya no nos conformamos con ser simples peones en el ajedrez electoral. Queremos ser piezas activas en la construcción de nuestro propio futuro. Queremos más que solo ser recordados cuando necesitan llenar mítines o simular apoyo en redes sociales.
La clave está en comprender que deseamos que valoren nuestras opiniones, nuestras ideas, nuestras perspectivas. Queremos que se nos garantice una verdadera participación e influencia en las decisiones que moldearán el rumbo de nuestro país.
Los políticos del siglo XXI necesitan entender que ya no basta con ofrecer becas o eventos musicales para ganarse nuestro voto. Necesitan mostrar un compromiso genuino con nuestras causas, nuestras preocupaciones y nuestras aspiraciones. Necesitan dejar de vernos como un simple número en una encuesta y empezar a considerarnos como lo que somos: el presente y el futuro de México.
Entonces, si quieren realmente conquistar este sector, políticos y políticas: dejen de lado las estrategias anticuadas y abran paso a una nueva era de la política, una era donde la participación juvenil no sea solo una cuota o moda, sino una realidad palpable y de verdadera posibilidad de cambio.





