Oficialmente la guerra de Donald Trump contra la migración ha cruzado la frontera. Esta semana millones de mexicanos observaron entre comerciales de sabritas y refrescos, un comercial inusual transmitido en televisión abierta. No se trataba de un nuevo producto, ni de una campaña de salud pública; era un anuncio del gobierno estadounidense, con un mensaje claro y contundente: “Si cruzas ilegalmente a Estados Unidos, serás perseguido, deportado y vetado de por vida”. En pantalla, se observa a Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional donde explica que los criminales no son bienvenidos y que Estados Unidos está actuando con mano firme. 

Aunque este tipo de mensaje, por sí solo, no es sorprendente viniendo del gobierno de Trump, cuya retórica antiinmigrante ha sido una constante desde su primera campaña presidencial. Lo que sí resulta profundamente preocupante es el espacio en el que se está difundiendo; la televisión mexicana, en horario estelar, durante programas de altísima audiencia. Dejándonos diversas interrogantes; ¿Cómo llegó una pieza de propaganda estadounidense a nuestras pantallas? ¿Qué acuerdos comerciales o políticos lo hicieron posible? ¿Y por qué nadie en el gobierno mexicano ha alzado la voz con claridad al respecto? 

Detrás de estos anuncios hay una estrategia bien calculada, el objetivo es disuadir a personas de migrar ilegalmente a Estados Unidos, anticipándose al viaje y frenándolo desde el país de origen. Pero también hay un propósito político, dirigido al público estadounidense: mostrar fortaleza, dureza y control migratorio ante los ojos de los votantes. En otras palabras, estos anuncios en México también están pensados para que sean vistos en Estados Unidos, como prueba de que la “mano dura” de Trump llega más allá de la frontera.   

Pero el problema va más allá del uso político, lo que verdaderamente nos debería alarmar es la falta de reacción institucional en México. ¿Realmente estamos dispuestos a permitir que un país extranjero utilice nuestros medios para transmitir mensajes que, aunque disfrazados de política migratoria, criminalizan a sectores enteros de nuestra población? 

Porque, aunque el anuncio dice dirigirse a quienes “cruzan ilegalmente”, en la práctica el mensaje es mucho más amplio. Refuerza una idea peligrosa, que el migrante es sinónimo de amenaza. Y no se trata solo de personas centroamericanas en tránsito. Se trata también de los mexicanos que siguen siendo blanco de estigmas y prejuicios en Estados Unidos, de las familias divididas por la frontera, de los jóvenes que sueñan con una vida mejor, pero ahora también se enfrentan a una narrativa que los reduce a “invasores”. 

Permitir que estos anuncios se transmitan sin cuestionamientos envía un mensaje preocupante: que estamos dispuestos a ceder parte de nuestra soberanía simbólica a cambio de unos segundos en la parrilla publicitaria. Que la dignidad de nuestros ciudadanos puede ser intercambiada por espacio en televisión. Que normalizamos el discurso que criminaliza, estigmatiza y deshumaniza al otro, con tal de no incomodar al vecino poderoso. 

No se trata de censura, se trata de criterio, de sentido común y de responsabilidad ética. La televisión abierta es un espacio masivo, poderoso, y formador de opinión. Dejar entrar sin filtros un mensaje como el de Trump, no puede considerarse un acto neutral, ya que tiene consecuencias, moldea percepciones y alimenta prejuicios. 

Hoy fue un spot de treinta segundos, mañana puede ser una narrativa completa, una campaña más agresiva, un discurso que no solo cruce la frontera, sino que se instale, se reproduzca y se normalice en el centro mismo de nuestra cultura mediática. México merece más, su gente merece respeto, no solo del exterior, sino de sus propios medios y autoridades.