Emily González / Columnista
El tener un espacio para poder hablar sobre el Poder Judicial y su importancia, es una tarea que mucho me honra. Cabe aclarar que también uno de mis principales objetivos al redactar este artículo es incentivar a las nuevas generaciones a estar informados sobre el Poder Judicial y verlo como una opción profesional.
El tema que abordaré es de gran interés, y trascendencia, ya que hablaré sobre la conformación, funcionamiento y la administración de justicia o, en términos llanos, la justicia.
El Poder Judicial de la Federación está conformado por la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Electoral, los Tribunales de Circuito (Colegiados y Unitarios), los Juzgados de Distrito y el Consejo de la Judicatura Federal.
Para esto, es importante hacer énfasis en que la autonomía, independencia e imparcialidad son las cualidades que legitiman a la jurisdicción: una de las tres funciones esenciales del Estado moderno que, de manera paradójica, es mucho más antigua que él, además también la legitimación lo entenderemos como la coincidencia de la normatividad positiva y la moralidad social vigente en determinada época, en otras palabras, es el punto donde convergen la norma positiva con la moral vigente.
Por otro lado, en la función jurisdiccional, el Estado funge como tercero imparcial en las controversias que surgen entre particulares, de estos con órganos del Estado, o bien, por las controversias que se susciten en los órganos del Estado entre sí. En cualquiera de estos casos, el Estado actúa a través de jueces que, en forma individual o colegiada, realizan la tarea de remover los “obstáculos a la satisfacción de los intereses jurídicamente protegidos”.
Además, el proceso de justicia culmina en órganos jurisdiccionales autónomos, locales o federales, y como tales pertenecientes al Poder Judicial, a cuyos titulares se les exige la independencia y la imparcialidad. Si a lo anterior se agrega el principio de legalidad, virtud al cual las autoridades solo deben hacer aquello que en sentido expreso les facultan las leyes, se advierte que el problema de la justicia también es legislativo.
Aunado a lo anterior, después de una breve explicación sobre la conformación, funcionamiento y la administración de justicia, considero que el momento actual que vive México exige el ejercicio de la crítica y la autocrítica profundas, radicales, sin contemplaciones ni complacencias, que conduzcan a un diagnóstico lo más preciso posible del actual estado que “la justicia” tiene en el país, justicia contemplada en sentido integral, como sistema, es decir, al “aparato de justicia el Estado” corresponde la prevención de los delitos, la procuración y la administración de la misma, así como la ejecución de las penas, en donde, como lo mencione con anterioridad, es importante que las nuevas generaciones estén informadas sobre la función Judicial, porque serán una pieza clave para mejorar el Estado de Derecho y por ende, la justicia.
Lo anterior conduce a concluir que el problema de la justicia no es responsabilidad exclusiva de los jueces, resulta un problema mucho más complejo, que afecta al mimo Estado, a tal grado que si el problema de la justicia no se resuelve de manera satisfactoria, es imposible hablar de estado de derecho.




