
El 16 de diciembre de 2010, después de recibir un balazo en la cabeza, el cuerpo de Marisela Escobedo caía inerte frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua tras dos años de activismo y lucha ante un Gobierno insensible e ineficaz ante el feminicidio de su hija Rubí.
Escobedo fue una madre que tuvo que convertirse en activista e investigadora tras el feminicidio de su hija Rubí en el 2008 donde sin ningún apoyo de las autoridades y el gobierno encontró al asesino de su hija. Enfrentó a grupos criminales, enfrentó a políticos, enfrentó a un gobierno lleno de impunidad, marchó desnuda solo cubierta con la foto de su hija para ser escuchada, recorrió el país y nada la detuvo hasta el día en que la asesinaron. Hasta hoy, el Estado mexicano no ha ofrecido a la familia de Escobedo, justicia, reparación de daños o disculpas. Pero su caso ya está en manos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y tiene una última oportunidad.
Diez años después, el legado de Marisela nos acompaña hasta hoy. Ella representa la lucha de las madres mexicanas, en un país donde cada día 10 mujeres son asesinadas. Es una inspiración para miles de mujeres que han levantado sus puños y su voz para manifestar tanta injusticia que se vive hoy en día . La admiración que sentimos por ella es el resultado del documental Las Tres Muertes de Marisela Escobedo producido por VICE y Scopio, y que se estrenó en Netflix.






