
La llegada de cinco investigadores de México a la Antártida en diciembre supuso un hito para la historia científica del país, al ser la primera expedición que llega al continente helado para estudiar sus condiciones naturales y evolución climática.
Aunque el proyecto quedó aprobado en octubre pasado, científicos ya llevaban trabajando cinco años para hacer realidad esta iniciativa, que busca que “más mexicanos tengan experiencia en asuntos antárticos”, destacó la coordinadora de la expedición, Patricia Valdespino, desde el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Parte del equipo de este organismo universitario participó en la travesía, que se realizó gracias al apoyo logístico de Ucrania, cuyas autoridades llegaron a un acuerdo científico para que la Primera Campaña Científica Antártica Mexicana (CAMEX 1) se convirtiera en una realidad.
La expedición mexicana llegó a la Antártida en el rompehielos ucraniano Noosfera, con una tripulación de 50 personas, que partió desde la localidad de Punta Arenas, en el sur de Chile, desde donde atravesó el conocido Pasaje de Drake para llegar al destino en un viaje de cinco días.
Ante las condiciones climáticas tan extremas, tuvieron que prepararse físicamente con conocimientos de montañismo o de primeros auxilios para poder trabajar “en lugares tan inhóspitos” como el continente helado, con temperaturas de hasta -20 grados C° en esta época del año.
Los científicos que permanecieron en el barco se dedicaron a recolectar sedimentos del fondo marino gracias a unos tubos mecanizados, un proceso que permite “reconstruir la historia” antártica y mundial. Los otros miembros de la expedición se quedaron en la base ucraniana de Vernadsky tras llegar al continente helado, desde donde se transportaban en zodiac a los lugares donde recolectaban las muestras.
Ahora, los científicos esperan que lleguen las muestras que recolectaron en una experiencia que confían en que ayudará México cuando decida instalarse permanentemente en el continente de hielo para “jugar su papel” en la historia antártica.






