
El llamado “Plan B” de la reforma electoral ya llegó al Senado. Dicha iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum fue recibida este martes y marca el arranque formal de una discusión que promete ser intensa y decisiva para el futuro del sistema político en México.
El documento fue turnado a comisiones en la Senado de la República, donde será analizado por Estudios Legislativos y Puntos Constitucionales. El presidente de la Junta de Coordinación Política, Ignacio Mier, que hoy se dará aviso formal al Pleno sobre su recepción, dando paso al proceso parlamentario.
La intención de la mayoría oficialista es clara: acelerar la discusión para que el dictamen pueda votarse antes del receso de Semana Santa. Para ello, el bloque conformado por Morena, PT y Partido Verde perfila los votos necesarios. Del otro lado, el PRI ya adelantó su rechazo, anticipando un debate polarizado.
La iniciativa plantea una transformación de fondo con el objetivo de reducir costos y modificar reglas clave de representación. Entre los puntos más relevantes destaca la reducción de integrantes en ayuntamientos, limitando regidurías y estructuras que el gobierno considera excesivas.
Asimismo, se propone eliminar la reelección inmediata de diputados locales, así como restringir candidaturas de familiares directos, en un intento por frenar prácticas de concentración de poder. A nivel presupuestal, se establecen techos de gasto más estrictos para congresos estatales y órganos electorales, además de recortes directos, como el 15% al presupuesto del Senado.
Otro punto que ha generado controversia es la modificación a la revocación de mandato. El proyecto amplía los plazos para solicitarla y permitiría que el propio gobernante participe en su promoción, lo que ha encendido alertas en la oposición por posibles riesgos a la equidad.





