
Cada año el Día Internacional de la Mujer nos recuerda que los derechos que hoy existen no aparecieron por casualidad: fueron conquistados por mujeres que se negaron a aceptar la desigualdad como algo normal.
Ser mujer en México todavía implica vivir con precaución. Implica pensar dos veces antes de caminar sola por la noche, compartir la ubicación con una amiga o enviar un mensaje al llegar a casa para avisar que estamos bien. Esta realidad que ya ha sido normalizada, es precisamente la razón por la que miles de mujeres salimos a las calles cada 8 de marzo.
Yo marcho para acompañar a las familias que aún buscan a sus hijas. A las madres que caminan con una fotografía entre las manos, preguntándose ¿Dónde están? Marcho porque su búsqueda no debería ser solitaria. Porque la desaparición de una mujer no es solo una tragedia privada; es una herida abierta en toda la sociedad.
Marcho por empatía, pero también por responsabilidad. Porque entender el dolor de otras mujeres implica no apartar la mirada. Implica reconocer que detrás de cada nombre hay una historia: una vida con sueños, proyectos, amigos y familia. Marchar es negarse a aceptar que esas historias terminen en el olvido.
Marcho para escuchar. Para escuchar a las madres que han convertido el duelo en resistencia. Para escuchar a las jóvenes que no quieren heredar el miedo como parte de su vida cotidiana. Para escuchar a las mujeres que durante años guardaron silencio porque nadie parecía creerles.
Marcho también para entender que esta lucha no pertenece solo a quienes han sufrido directamente la violencia. Nos pertenece a todas y todos, porque la dignidad humana no debería depender del género, del lugar donde se nace o del privilegio con el que se cuenta.
Marcho por las que estuvieron antes que nosotras, las que lucharon por votar, estudiar y ocupar espacios que durante siglos les fueron negados. Pero sobre todo, marcho por el futuro. Porque ninguna niña debería crecer creyendo que el miedo es parte natural de su vida.
Yo marcho porque mientras haya mujeres desaparecidas, madres buscadoras y justicia pendiente, seguir caminando juntas en las calles seguirá siendo necesario.





