El Día de Muertos es una de las tradiciones más importantes y significativas de la cultura mexicana. A través de un altar, se rinde homenaje a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros y se mantiene viva su memoria. 

La ofrenda es una parte fundamental de esta celebración, pues reúne distintos elementos que tienen un significado especial, además de los alimentos, objetos y bebidas que más disfrutaban quienes ya partieron. 

La tradición de estas fiestas tiene un origen prehispánico, pues los mexicas celebraban a sus muertos después de la temporada de cosecha, entre los meses de septiembre a noviembre. Esta tradición se sincretizó con las creencias de los conquistadores españoles, con ciertas modificaciones, pero con la misma esencia. 

En las ofrendas, colocamos ciertos elementos que muestran esta mezcla de creencias, así como el amor que cada familia refleja en los arreglos de cada altar. No pueden faltar: 

  • Veladoras y cirios: Es la luz que guía y da paz y esperanza a las almas. 
  • Incienso: Es el aroma que purifica el ambiente. 
  • Agua: No puede faltar pues calma la sed de nuestros difuntos. 
  • Sal: Se coloca para que el espíritu que llega de visita no se pierda ni se corrompa durante su estancia en el mundo de los vivos.  
  • Flor de cempasúchil: Se cree que su aroma y color ayudan a las almas a llegar hasta su ofrenda. 
  • Pan de muerto: Tradicional que por su forma representa el ciclo de la vida y la muerte. 
  • Fruta: Además de los alimentos preferidos de los difuntos, hay frutas tradicionales que se colocan en la ofrenda, como: mandarina, caña, guayaba, naranja y jícama. 
  • Calaveritas: En la antigüedad se utilizaban cráneos de verdad que después fueron sustituidas con calaveras hechas de azúcar, chocolate o amaranto. 
  • Papel picado: no sólo le da color a la ofrenda, sino que representa el aire, uno de los cuatro elementos que debe estar presente en cualquier ofrenda. 
  • Alimentos: Se acostumbra colocar los alimentos preferidos de los difuntos. 
  • Fotos: Se colocan las imágenes de las personas a quienes se les honra con esa ofrenda, siendo el detalle más emotivo e importante.