Cubrebocas al aire y liderazgo

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Por Sebastián Nieto Sáenz/ Columnista 

El pasado dieciocho de octubre, en el pleno local, se aprobó eliminar el uso
obligatorio de cubrebocas en nuestra entidad. Este momento podría decirse
reflexivo, pues para muchos no reveló la luz al final del túnel, sino que expuso que ya se encontraban fuera de él.
Asimismo, fue una oportunidad para un servidor a observar por un instante la película de horror vivida y regresar del cine a casa, pensando en lo mucho que el camino había cambiado. Las afectaciones en la sociedad generadas debido a una pandemia emergida del COVID-19, demostraron que el hombre no está preparado para tal situación.
Bajas en economía, educación y vidas humanas, han sido y continuarán siendo el tema central en muchas mesas de debate que decrementa la expectativa del ciudadano respecto a la capacidad que tienen los mandatarios para generar una respuesta favorable ante este tipo de problemáticas. No solamente mostró los puntos más vulnerables de la humanidad, sino que generó un miedo ininterrumpido hacia dilemas futuros.
Diversos autores han definido al liderazgo utilizando palabras como empatía,
iniciativa, honestidad y valor. No es secreto que cuando más necesitábamos de liderazgos firmes, estos distorsionaron el concepto de su discurso, perdiéndose totalmente en el imaginario, lo que imposibilitó el diálogo y la toma de decisiones colectivas.
Dieciocho años le tomó al pueblo mexicano comprender que el liderazgo puede reformarse en distintas ocasiones. El factor situacional y el resultado respecto al logro de objetivos, puede etiquetar estos cambios de liderazgo como buenos o malos.
¿Cómo podemos catalogar esta modificación en el liderazgo de nuestro Ejecutivo
Federal?
Cuando se tiene una vocación de servicio, la mutación es buena; aunque, cuando solamente es una estrategia de marketing electoral, puede ocurrir un desastre.
Hace seis años mudó por penúltima vez dando a la percepción electoral un
liderazgo natural que dejó fascinados a los votantes. La persistencia por parte del candidato y los malos gobiernos, hicieron que el ciudadano optara por una
propuesta totalmente diferente a las que estaba acostumbrado a ver. Al momento de ocupar la silla, este liderazgo comenzó su última transformación por uno más transaccional.
¿Cuál fue el discurso inicial de respuesta al COVID-19?
Negaba la existencia de este virus e invitaba a las y los mexicanos a no exagerar
debido a una administración altamente preparada para estas situaciones. Exhortó a la población a abrazarse y a protegerse con amuletos. Ocho días después, el discurso dio un giro de 180 grados cuando pidió a las personas quedarse en casa y a los empresarios definir qué trabajos eran esenciales.
Conferencias matutinas como apoyo a la infodemia, pues ante una crisis de salud pública, las declaraciones falsas y contradicciones a miembros de su propio gabinete, parecían lo único que podía salir de su boca. Entonces, ¿A caso el COVID-19 es una excusa para reestructurar la definición que conocemos de liderazgo o es el actuar de las y los tomadores de decisiones el que dejó mucho a desear?
El aventar los cubrebocas al aire cuáles birretes de graduación es una oportunidad para entender que los verdaderos liderazgos no son solamente las figuras políticas.
Son las y los trabajadores de la salud cuyo acceso al autobús fue denegado por miedo a contagiar a los demás pasajeros. Son los desempleados que corrieron el riesgo de emprender para salir adelante, y somos nosotros quienes cada mañana decidimos levantarnos y vivir un día más a pesar de las adversidades de las cuales no estamos preparados; más se encuentran presentes, o están por venir.

Los textos presentados son autoría de quien se especifica, y no necesariamente representan la política, pensamiento y/o ideología de Café Ciudadano.