
El Genio Tenebroso de Fouché, obra escrita por Stefan Zweig, es mundialmente reconocida como una lectura ampliamente recomendada para aquellos que gustan del oficio político. Dicha historia, narra la forma de actuar, pensar, moverse, hablar, escabullirse y operar de José Fouché, un político francés que durante mucho tiempo ejerció el poder en la Revolución Francesa, en la Francia Napoleónica y en la restauración borbónica en Francia.
Con el pasar de los años, cada vez son menos los jóvenes que se interesan por la política, o que no desarrollan las convicciones adecuadas para participar dentro del ámbito. La mayoría de los estudiantes que buscan forjar una vocación política carecen de las herramientas y los ejemplos reales de que es lo que significa participar en el movimiento.
El licenciado David López Aguilera, catedrático de la Facultad de Derecho de la UACH, en la clase de Teoría del Estado, aseveró que para aquellos que gustan de la política y esperan ocupar puestos de elección popular en el futuro, esta es una cruda lectura, pero obligada, de lo que en realidad significa participar en política. Era muy probable que muchos optaran por mejor no seguir por ese camino.
José Fouché, un hombre que ni con Dios se comprometió a ser fiel para siempre. Contemporáneo de Robespierre y Napoleón, mayormente operando tras bambalinas, siempre con bajo perfil, dio catedra del manejo político de la época. Sabía perfectamente el arte de callar, la maestría de observar y la ciencia de ocultarse así mismo. Además de eso, como todo buen hombre de política, siempre manejó con sutileza el arte de saber ocultar la vida privada. La invisibilidad era su mas grande custodia y protección contra toda evidencia.
¿Qué es lo que hace todo buen candidato? Promete a sus electores todo lo bueno que pueda halagarles. Proteger el comercio, defender la propiedad y respetar las leyes son algunas de las principales tareas de cualquier gobernante. El que hable de esto obtendrá la atención.
José Fouché era un hombre de la mayoría; normalmente permanecía en silencio no por modestia, si no por calculo. Por nada se gastaba demasiado pronto, por nada se sujetaba antes de tiempo, por nada se había ligado para siempre. Lo único que resultaba conveniente para José era mantenerse fiel al más fuerte, al lado de la mayoría. Nunca buscó salir a la luz de manera precipitada; siempre esperaba a que los demás se gastasen primero, normalmente primero se aniquilan los apasionados y luego es el turno de los más prudentes. Tanto era su manejo de los tiempos, que entendía que la revolución nunca era de quien la empezaba, si no de quien la terminaba. No iba con ideas ni ideologías; José iba con el tiempo, que siempre estaba con nosotros.
En todos los momentos políticos de la masa, es la audacia el decisivo denominador de todo calculo. Solo una cosa es lo suficientemente segura como para que salve a cualquiera de la afilada cuchilla de la guillotina en la plaza pública; el éxito. Es por eso que no se debe dejar tiempo para pensar ni calcular a los enemigos, pero siempre mantenerse como un frío calculador y realista impasible. Obedeciendo al instinto y a la prudencia, José respetaba la vida de los demás mientras no peligrara la suya.
Ningún vicio y ninguna brutalidad en la tierra han vertido tanta sangre como la cobardía humana. La cobardía humana no está decidida por los pensamientos, sino, por los hechos. Entendiendo esto, José sabía que no había tiempo que perder ni favores que otorgar, pues bastaba con tan solo una semana de insensato derribo para destruir magnificas obras de arte.
FUENTE O LIBRO: El genio tenebroso de Fouché




