
Estados Unidos.- El encarecimiento del costo de vida, la guerra con Irán, el incumplimiento de promesas de campaña, las políticas migratorias y los señalamientos de corrupción provocaron el voto de castigo contra Donald Trump y los republicanos.
El Partido Demócrata consiguió una victoria histórica ayer en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos, al arrebatarle a los republicanos el control del Senado y de la Cámara de Representantes, en una jornada que representó un duro revés para Donald Trump.
Los resultados reflejaron un voto de castigo contra la administración republicana, impulsado por el descontento ciudadano ante el encarecimiento del costo de vida, la guerra con Irán y el desempeño del mandatario, cuya popularidad llegó a uno de sus niveles más bajos desde su regreso a la Casa Blanca.
Con el nuevo equilibrio legislativo, Trump enfrentará un Congreso con mayor capacidad de oposición y de supervisión de su Gobierno, después de haber contado con el respaldo de ambas Cámaras durante la primera parte de su segundo mandato. El resultado anticipa una disputa interna entre las corrientes moderadas y progresistas del Partido Demócrata, que buscarán capitalizar la victoria de cara a las elecciones presidenciales de 2028.
La derrota republicana adquirió mayor importancia porque los demócratas lograron imponerse no solamente en Estados considerados competitivos, sino también en territorios que durante décadas habían sido bastiones conservadores. Entre ellos destacan Texas, Iowa, Kansas, Ohio y Carolina del Sur.
En Texas, los demócratas rompieron 30 años de dominio republicano en los principales cargos estatales. James Talarico obtuvo un escaño en el Senado y Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott, convirtiéndose en la primera gobernadora latina del estado. Desde 1994, ningún demócrata había ganado un cargo estatal en este bastión conservador.
Por otra parte, Xavier Becerra, hijo de inmigrantes mexicanos, ganó la gubernatura de California y se convertirá en el primer latino en encabezar ese estado desde 1875. La ola demócrata también alcanzó Georgia, donde Keisha Lance Bottoms hizo historia al convertirse en la primera mujer afroamericana elegida como gobernadora de un estado en los 250 años de historia de Estados Unidos.





