
Sebastián Sáenz/ Columnista
Temas trascendentales, como los derechos de las niñas y los niños, son cuestiones cuya finalidad debería ser la unión y no la polarización.
Es muy interesante cómo la atmósfera en el pleno puede llegar a cambiar radicalmente de una proposición a otra. Dentro de múltiples mensajes descubrimos un activismo en común, encausado por los derechos de las niñas y los niños; aunque, se distorsiona cuando al motivo y al discurso le intercalamos el orgullo partidista, puesto que en la vida política mi narrativa termina en el momento que comienza la protección a mis líderes.
Al inicio, donde se hablaba sobre salud mental, prevención hasta deserción, parecía como si nos encontráramos en una especie de paraíso diplomático en donde todas las fracciones se sonreían, aplaudían e incluso felicitaban. En cambio, las cuotas escolares suben a tribuna y se atrapan en las redes de un razonamiento superficial y político, no por un razonamiento como tal en busca de trascendencia.
Según la exposición de motivos presentada, en nuestro Estado la infancia se encuentra ante una gran barrera en la educación pública, esta impide su ingreso a las aulas, puesto que, si su padre o madre no paga cierta cantidad, el acceso se niega.
El debate se tornó a deducir cuál nivel de gobierno era el responsable de estas cuotas voluntarias y, por lo tanto, debería hacerse cargo de ellas en inversión o castigo a directivos que las hacen obligatorias.
Con fundamento al artículo tercero constitucional, la existencia de estas debería ser totalmente nula; no obstante, factores como la corrupción aunada a la mala gobernanza que ha vivido nuestro país durante décadas, han obligado a dirigentes de primarias y secundarias a implementar esta pequeña colegiatura para cubrir gastos de material como cortinas, papel de baño, hojas para copias y otros bienes que deben ser proporcionados por la instancia gubernamental correspondiente.
No es secreto hablar sobre la baja remuneración a la docencia mexicana como para poder encargarse de estos consumos; aun así, lo terminan haciendo a causa del amor a su vocación, cosa para agradecer y apremiar.
Pero el sueldo de varios padres y madres de familia no es tan alto como para poder liquidar estas cuotas voluntariamente obligatorias. Algunos dicen que no es tanto pagar 100 o 200 pesos, pero ¿qué pasa cuando tienen de tres a cuatro hijos?, ¿de dónde sacarán ese dinero? No es obligación de los maestros y tampoco de los padres de familia.
¿Entonces, eliminamos las cuotas?
La respuesta es no. Lamentablemente, estamos lejos de vivir en un México ideal donde los componentes antes mencionados no existan. Es necesario en el presupuesto de TODO NIVEL DE GOBIERNO contemplar una buena destinación a la enseñanza para realizar estos pagos “menores” que, yendo a lo general, se convierten en mayores.
El problema es originado porque jugamos a combatir la corrupción echando culpas y realizando juicios políticos cuando la necesidad continúa creciendo y las carencias dentro de la institución deben ser cubiertas urgentemente.
¿Quién es el responsable?
AMBAS PARTES generaron una batalla de colores debido a que no está en manifestar si le corresponde al negro o al blanco. Tanto en escuelas estatales como federales, la insuficiencia sin resolución continuará, a menos que dejemos el orgullo de lado. Si como base se tienen los derechos de las niñas y los niños, la discusión debe centrarse en posibles soluciones conjuntas entre Gobierno Federal y Estatal. Mientras no sea así, la educación seguirá perdiendo.
Los textos presentados son autoría de quien se especifica, y no necesariamente representan la política, pensamiento y/o ideología de Café Ciudadano.




