
José Hernández/ Columnista
Hace un par de meses que me encontré con una interesante lectura, siendo el título de la misma obra lo que más me llamó la atención en el momento. Febrero del 2022, tenía COVID y mucho tiempo libre, por lo cual me tomó un par de días terminar este libro que me pareció muy profundo, muy fuera del esquema, bastante “rebelde”.
Henry David Thoreau, nació en Nueva Inglaterra y se convirtió en uno de los principales exponentes del naturalismo filosófico. Siendo un humanismo bastante “ácido”, intrínsecamente rayaba en el anarquismo. Se volvió un guía ideológico para movimientos ambientalistas y ecológicos. Desobediencia Civil, su principal obra, presenta interesantes cuestionamientos para la supervivencia humana en comunidad.
Partiendo desde la primicia de que existen leyes injustas, ¿deberíamos obedecerlas?, ¿o deberíamos hacer un esfuerzo por modificarlas, obedeciéndolas cuando las consideramos correctas y transgredirlas cuando no sea así?
El gobierno es el medio elegido por el pueblo para ejercer su voluntad, siendo “un buen gobierno” aquel que no interfiera tanto en la vida de sus gobernados. El mejor gobierno se torna en aquel que gobierna menos.
Debemos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino más bien, por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que creo que es justo. Un hombre prudente jamás deja la justicia a merced del azar. Esta máxima conllevaría a la comunidad a convertirse en una sociedad de hombres conscientes. Lo más importante no es que una mayoría sea tan buena como tú, sino que exista cierta bondad absoluta en algún sitio para que fermente a toda la masa.
“No importa que el comienzo sea pequeño; lo que se hace bien una vez, queda bien hecho para siempre.” Si algún día voy a depender de la protección del estado, ¿es entonces la democracia la mejor forma de gobierno, y la que más me conviene? Nunca habrá un estado realmente libre e iluminado hasta que llegue a reconocer al individuo como un poder independiente y superior, del que derivan su poder y su autoridad.
El estado normalmente no se preocupa por recompensar a los genios. La costumbre y el fondo nos ha hecho comenzar a contratar hombres por amor al dinero y no por amor a su trabajo. Un hombre eficiente y valioso hace lo que puede, no importa si la comunidad le paga o no. Se convierte en una tragedia el haber nacido heredero de una fortuna y nada más, pues eso no es nacer en vida, sino nacer muerto.
Un gramo de oro puede dorar una gran superficie, pero no tanto como un gramo de buen juicio. Si no nos preocupamos por el mal que hay en el mundo, al menos tratemos de no brindarle nuestro apoyo. Asegurarnos de no hacer el mismo daño que condenamos. Se convierte en nuestra responsabilidad el ganarnos la vida amando.
¿Qué sentido tiene nacer libres y no vivir libres?, ¿cuál es el valor de una libertad política sino el de hacer posible la libertad moral?, ¿es la libertad de ser esclavos, o la libertad de ser libres, de lo cual nos enorgullecemos?




