JOSE e1674072665441 CAFE CIUDADANOJosé Hernández/Columnista

Hace unos días que, por ahí, navegando en YouTube mientras buscaba un video acerca de un videojuego, me encontré con un interesante mensaje.

Era ya un jueves por la noche; recuerdo
haber visto el vídeo entero (tiene una duración de 50 minutos) y haber terminado con la boca abierta y una mirada de mil yardas.

Tratándose acerca de una platica para un show de una emisora española, el debate entre un chaman mexicano, 3 científicos, un hermetista, un budista representante del Tíbet y el científico mexicano Jacobo Grinberg, albergaba la incógnita del “ser o no ser”. Debatían de una manera muy interesante la definición de “conciencia”.

A continuación, me gustaría enmarcar un par de diálogos que me permitieron “cierta iluminación”.

El movimiento espacio – temporal hace que olvidemos nuestras raíces; más que ser, estamos. Estar nos pone a merced de lo transitorio y lo circunstancial. Para poder ser, se requiere empujar desde la superficie, hacia el interior, y no al revés. Solo así, podremos entrar a la progresiva liberación de nuestras ataduras. Vale la pena preguntarse; ¿merece mi esfuerzo ser un individuo?, ¿o solo con estar en el mundo es más que suficiente? Luego comenzamos a competir por casi nada y sin darnos cuenta, aprendemos demasiadas cosas inútiles.

El canal de lo divino con lo humano se puede despejar mediante la practica de la meditación; independientemente de cualquier religión que se practique, en todas se medita, de una u otra forma.

Existen niveles de conciencia; existe algo, por debajo del todo (el universo es mental, el “todo” es mente). La conciencia se vuelve una forma de percibir la realidad. Según el budismo, la evolución de la conciencia no tiene fin alguno. La conciencia se puede definir como este “darse cuenta”, pero, ¿quién se da cuenta? Y, según el chamanismo, el despertar de la conciencia significa encontrarse así mismo, y dentro de ese encuentro, descubrir la luminosidad, por medio de la manifestación del espíritu.

La observación como técnica de meditación; el observador puede observarlo todo. El observador unifica, es colocarse fuera de los eventos. Observa la confusión; esto te desintegra de la misma. El observador se encuentra un paso delante de todos los acontecimientos. Todo lo que sucede es parte de nuestra identidad; llega el punto en el que conectas; no hay observador ni observado, simplemente, “eres”. Cuando aprendes a observarte a ti mismo, te encuentras en el nivel del alma.

Durante la meditación, el alma sale. Esto provoca la suspensión del dialogo interno.
El mundo de los apegos, de las identificaciones, ese es el mundo que hay que soltar. Todo lo que plantea Jesús, es una desidentificación, un “desapego”. Se requiere transformar la percepción, para poder percibir de forma correcta. No somos, si no, estamos en un proceso de involucración total con el mundo.

Nuestra mente, por malos hábitos, no puede estar en un solo momento y en un solo lugar; nuestra mente recuerde el pasado o brinca al futuro. El aquí y ahora es lo único que existe en la realidad. Se deben de detener las proyecciones que haces de la realidad. No proyectes formas fantasiosas de existencias.

Aprender a ver una sola cosa en un solo momento; observa lo valioso, único y extraordinario que es cada evento de percepción, descubrir la magia de lo ordinario.