
Sergio Casas/ Columnista
Jóvenes, hablemos de un tema, aunque tengamos miedo de morir en el intento.
México ha sufrido por la violencia y la inseguridad generalizada durante la mayor parte de
su historia. Contrario a lo que algunos nos quieren hacer pensar, el problema de inseguridad en el país no es un fenómeno de 2006 para acá.
Desde la revolución mexicana el país se ha envuelto en sangre de manera descomunal, un movimiento que debió de haber concluido con la génesis de la constitución de 1917, todavía duró varios años de incertidumbre y de muerte.
Este sentimiento de cambiar nuestra realidad no es una ocurrencia de ahora, desde la
época de bandoleros, se ha debatido la manera en que el Estado y la política deben de
incidir en la prevención de la violencia. Algunos tenían una visión de mandato unipersonal
como Elías Calles, cuya frase “Aquí vive el presidente, pero el que manda es de enfrente”
trascenderá en la historia de nuestro país; otros pensaban que en la nación mexicana debería de existir un orden para evitar la miseria y la ignorancia, y que esta no estaba formada por individuos abstractos, sino por personas humanas reales que cuentan con una eminente dignidad.
Sin duda, México no ha encontrado la política pública perfecta para la prevención de la
violencia, y lo más seguro es que, por su naturaleza humana, nunca lo logremos, sin
embargo, durante este siglo de debates nunca se había visto una propuesta tan
indiferente e inhumana como la del actual gobierno. Es impresionante y alarmante ver a
un presidente tan incongruente con su forma de actuar.
Por un lado, el presidente todos los días en sus acciones deja claro que quien manda es él,
al más puro estilo del PRI setentero en el que desarrolló su vida política, toma decisiones
dictatoriales, dejándonos ver que solamente sus cacahuates truenan, usa la fuerza del
Estado y de sus instituciones para poner en jaque a todo gobierno local, sociedad civil o
individuo que opine contrario a él, pero que cuando le toca hablar de los problemas de
seguridad reparte responsabilidades como si sus decisiones no tuvieran consecuencias.
Lo que más me preocupa es ver a un presidente de mano de hierro para atacar a quienes
son víctimas de lo que dice y hace todos los días por la mañana, el único horario en el que
existe presidente, pero que la tuerza cuando le piden hacerlo con la excusa de que “Se
han portado muy bien”.
No creo tener la solución mágica a este problema, no lo hemos tenido por más de cien
años de existencia de nuestro ordenamiento jurídico vigente, y quien diga tenerlo
podemos acusarlo de fanfarrón, sin embargo, creo que tenemos ejes centrales para poder
evolucionar como sociedad en este tema: La participación de la sociedad civil, la defensa
de la familia, (entendiéndola como el núcleo social y no como tema político que el
conservadurismo se ha querido adueñar) y el constante vigilo del Estado de Derecho, creo
que son temas fundamentales para la creación de paz.
La paz es algo fundamental para promover el bien común y no debería de entenderse
como un tema de partidos, en este tema somos todos los mexicanos los que deberíamos
participar, aunque tengamos miedo de morir en el intento.
Estudiante en la Facultad de Derecho de la Uach. Promotor de capacitación en el Colegio de Educación Profesional Técnica del Estado de Chihuahua y Director de Acción Universitaria en la Secretaría Estatal de Acción Juvenil Chihuahua.
Durante mi vida estudiantil y mi desarrollo profesional he defendido las causas democráticas y promovido la participación, la capacitación y el debate. Creo fielmente en que la solución a los problemas se dan con la constante preparación y el diálogo y he tratado de compartir este mensaje por todo el estado.




