José Hernández/ Columinista
“¿Qué hace un chico como tú en un sitio como este?” Es el nombre de un video que me apareció en el inicio de YouTube. Últimamente, el algoritmo ha presentado frente a mis ojos grandes y profundas obras que han despertado nuevos puntos de vista en mi visión acerca del mundo y nuestro entorno.
Al cabo de un par de días, escondido en mi librero, sin querer queriendo, acomodé en su lugar un viejo libro de apuntes. Lo saqué y entonces tomé nota; vi el vídeo de nuevo, más concentrado.
El cuadernillo se quedó por ahí y lo perdí de vista como por unos quince días. Hasta el día de hoy, que, sin querer queriendo, lo acomodé en su lugar; por interés lo abrí, y me encontré los apuntes que procedo a relatar;
La sensación de que hay algo “más allá”. Los grandes pensadores y místicos han dicho siempre lo mismo; algo se encuentra a las afueras de nuestra propia experiencia, dentro del sentimiento cósmico.
“Cuando era joven, me gustaban los arrabales. Ahora de grande, me gusta el centro.” – Mozart
Recita la frase antigua; ten cuidado con el deseo. La búsqueda del centro; es un lugar donde conectas con el universo, en ese lugar, donde no hay deseo. La imaginación que te haces de la vida significa muy poco, en realidad; es la parte opuesta. Piensa lo menos posible sobre lo que te gustaría hacer, ese es el camino.
¿Has pensado alguna vez en coger la mochila y todos los pensamientos? Andar a meditar, caminar por la calle y disfrutar del camino. Simplemente, pensar; “yo estoy donde debo de estar”. Sin correr; entendiendo que a donde debo de ir, es a mí mismo. Si me siento perdido, las raíces fácil y sencillamente las encuentro en la infancia.
Para poder volver, primero hay que ir.
Creo que hoy en día no me interesa conocer la verdad; me gustaría más el hecho de formar parte de ella. Una verdad que se integra a nosotros, que se desvanezca el “yo”. El “yo”, son un conjunto de deseos y recuerdos que ya no están, solo existe el aquí y el ahora.
El comienzo de la búsqueda es la insatisfacción; la misma, conlleva a observar el pasado desde otro punto de vista y logra que tomemos otras actitudes. La cuerda demasiado floja, no suena, demasiado tensa, se rompe.
No acercarse al buen hábito con deseos o sentimientos impuros. Si no, provocar que lo que se viva sea puro en esencia y no en sus referencias. Que, al buen guerrero, al comenzar esta búsqueda del continuo ir y volver, se le conceda buena intención, tenacidad y perseguir el anhelo.
Subrayado, me sorprendió leer la siguiente anotación:
“Que bonito reloj… pero, ¿qué hora es?”
Quien sabe qué habré entendido.





